El
Atlántico baila
un
duelo cruel y triste
con la
playa.
La
noche es testigo.
La
escollera arremete,
gris
bayoneta negra,
semicorchea.
Y el
cielo se arroja,
en
cada mano un cuchillo.
El
Atlántico se rinde,
el aire se tambalea,
entre
las olas, luna nueva:
el hombre sobrevive.