Du siehst, mein Sohn,
zum Raum wird hier die Zeit.

Parsifal

Richard Wagner

La jornada

 

Todavía titubeo subconsciente,

y una ráfaga de hielo, por el Este desovilla

la corriente. Zarpo a la porfía,

 

ni de fama, ni de techo.

Medio libre, peregrino semipreso.

¡Habla Esfinge! ¿Pinto el verso? 


¡Espabila! Clama el fuego que se extingue. 

Predecible. Menos que nada. Pensamiento.

En el hueco donde firme: Casi hecho. 

 

Nuevo intento para mañana

donde el conflicto sigue y la palabra.

El carrusel en su elipse 

 

Como el cielo.

 

 Celebra un gol sin vergüenza;

como la tregua, sin temor.

Brinda por la idea del creador,

y por cada nueva lección, una fiesta.

 

Del fracaso, agradece la enseñanza,

bendita sea la curiosidad que traspasa

 la incertidumbre, el que descubre,

el que supera la ignorancia.

 

 Festeja con alborozo el trofeo

de la vida, la oportunidad cuando se olvida

el remoto desconsuelo convaleciente

 y la esperanza perdida. 


Una ovación cada vez que amanece,

un día blanco y celeste;

una ocasión que resucita de nuevo

y brilla ahí fuera como el cielo.

 


Al pueblo de Madrid

 Cola de león, gato panzarriba, epicentro;
por la Puerta de Toledo subes, vendiendo humo;
por Maravillas, altanero, las agallas como puños,
que no te gobierna el patrón, ni la madre del cordero.

Fanfarrón, villa y corte, agonías.
Al vecino lo incriminas, tiendes tu mano al forastero;
Mientras no te chapen la taberna, el tirano vuelta al ruedo
y dos orejas. Capital del imperio de a ver si cuela.

¡Qué pitas calavera, si está en rojo todavía!
Verbena y Champions League y las balas al pecho.
Baja de orines las vistillas un riachuelo
Y si hay que dormir: de día.

Vergüenza ni un ardite. El desatino, que te ha mirao un tuerto,
 el desacierto: mala sombra.
¡A mi que me registren! escupes maldiciendo.
La jeta más dura que una roca.





Movimiento

 

Las letras son algoritmos,

 una ecuación da la sed,

los libros y la arena.

 

Densamente nos consumimos,

madura la piedra,

telaraña surcada de hiedra.

 

El abismo es una escalera

de ADN que restaña

una herida interminable.

 

Unánime es la enseñanza,

como la jornada que renace.

Ayer es hoy, es mañana.

Puente


Me acuerdo premeditadamente.
Levanto el puente que me cruza
de las facturas y los horarios,
de la apatía insaciable del presente;

desde el vórtice en vano,
de formularios y bisutería.
Una fuga me prometo, una utopia
que cruza hasta el pasado.

Y esa imagen que persigo lo es todo.
Un niño en el tiempo
detenido, un icono
que me revela como un enigma.

Rememoro y me pregunto
si alguna vez fui esa ensoñación,
si la piel es la misma,
si ese niño soy yo.

No se trata de escribir.


No se trata de escribir
como si fuera pedir
perdón cuando está hecho el mal.

No se trata de mentiras
que, por repetidas
mil veces, parezcan la verdad.

No se trata de cerrar
las heridas que con la edad
ya ni duelen.

No se trata de la muerte,
ni del amor siquiera;
no se trata del poema.

Será que es una guerra,
un conflicto permanente,
donde  gana el que intenta.