Celebra un gol sin vergüenza;
como la tregua, sin temor.
Brinda por la idea del creador,
y por cada nueva lección, una fiesta.
Del fracaso, agradece la enseñanza,
bendita sea la curiosidad que traspasa
la incertidumbre, el que descubre,
el que supera la ignorancia.
Festeja con alborozo el trofeo
de la vida, la oportunidad cuando se olvida
el remoto desconsuelo convaleciente
y la esperanza perdida.
Una ovación cada vez que amanece,
un día blanco y celeste;
una ocasión que resucita de nuevo
y brilla ahí fuera como el cielo.
